Friday, April 23, 2010

El regreso de las Tetas

Conozco de primera mano Las Tetas Europeas. No las he tocado, no. Para mí, siguen siendo tan elusivas como para el protagonista de la novela de Fernando Villaverde. Pero como me tocó armar la tipografía en su primera edición, en 1997, y luego la segunda, este año, me parece que he leído este libro bastante como para forjarme una opinión informada sobre él y su sustancia.

“La primera teta aparece sin aviso”, como era de esperar, y portada convenientemente en la penumbra encubridora de un cine para niños, en plena Habana de los buenos tiempos, cuando tales prodigios podían ocurrir inopinadamente. Del Cinecito, Villaverde traza el rumbo de la obsesión pectoral de su personaje central, que pasa de Cuba al exilio, y de Miami al mundo, donde tampoco parece saciarse su hambre de absoluto sensual.

Pero si los senos y quienes los ostentan irrumpen agigantados por la sorpresa, también lo hace la primera persona en que está escrita la novela. Una prosa tan serenamente elegante, cargada de ironías y humores implícitos no suele ser buena mezcla con ese “yo” que a menudo, en muchas novelas, tiñe la anécdota, la trama argumental, de rasgos y guiños demasiado personales. Villaverde elude este escollo narrativo con maestría, para buena fortuna de este libro.

He leído otras obras enfocadas en obsesiones semejantes. Me viene a la mente La Vida en Dos, de otro cubano, Luis Agüero, y su elusiva Bebita Alvarado. Pero la novela de Villaverde, por alguna razón, me parece que trasciende el ámbito de la pura experiencia (o inexperiencia) erótica para proyectarse hacia terrenos vitales más diversos, tanto en época como en geografía. Me gusta, en particular, una parte de la sección Las Criaditas donde el protagonista describe sus sucesivas visitas a un clínica para hallar remedio a ciertos dolores y se ve de pronto amarrado a una máquina de apariencia infernal, y dice sentirse como James Bond en un instante crucial de sus peripecias.

Las alusiones al cine no terminan ahí en este libro. No por gusto las tetas de marras son europeas. Y a Europa viaja, por supuesto, el protagonista, cargando su empeño predilecto junto con su equipaje. Ahora es turista, después de haber sido exiliado (¿o lo sigue siendo?). El último capítulo se lee como una literaria crónica viajera de Nápoles, sabrosa como la culinaria de esa región italiana, y como las tetas que pueden asomar allí. De todas formas –y por si el lector se quedara también con las ganas- Villaverde concluye su obra con el presagio de otra: “Y por ahí sigo”.

La travesía, por lo visto, no termina. No acabaría, creo, ni con una mastectomía.

Las Tetas Europeas (segunda edición) está disponible en en Lulu.com y pronto en Amazon.com. Aquí encontrarán una muestra del libro:

http://www.lulu.com/product/paperback/las-tetas-europeas/10263822?showPreview

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