Wednesday, May 18, 2011

A otro perro con ese hueso

Un pendejo que se llama como una vieja marca de refrigerador que vendían en Cuba cuando aún había seres civilizados en esa isla me reprochó hoy en Facebook el que sólo cuelgue mensajes políticos en su mural.

Locas manifestando.
Pobrecito. ¿Qué coño se cree? Parece ser que ahora la consigna de todos estos bandidos que se pasan la vida entre La Habana y Miami es que son “apolíticos”. Escritorzuelos, poetastros y dizque pintores que allá no cesan de hacer reverencias al régimen pretenden dictarnos aquí lo que debemos o no debemos decir, por no ofender su pureza de espíritu. (Algunos incluso vienen a abusar sexualmente de niños, como un pintor que cayó preso hace poco).

Me viene enseguida a la mente el caso del supuesto dramaturgo Antón Arrufat, que durante una reciente visita a Miami aseguró no saber quiénes eran las Damas de Blanco, con tal de no ofender a sus jefes habaneros, que ya sabemos para qué le mandan aquí: a tantear el terreno y buscar tontos útiles que les paguen el almuerzo y la cena, y de paso enterarse de chismecitos e interioridades.

Conmigo no pueden contar, pues a lo único que podría convidarles sería a una copita de cicuta, y eso en el mejor de los casos.

Atajo de sinvergüenzas. El que se llama como una marca de refrigerador –un cretino que se las da de poeta y ensayista de temas gay– se pasa el tiempo colgando en Facebook las fotos de una manifestación de locas en La Habana, como si fuera una gran cosa dar el fondillo, pero no quiere que le pregunten por qué otras personas en Cuba no pueden manifestarse sin que las turbas fantatizadas del régimen las golpeen, escupan y empujen. Supuestamente, alega, porque es “apolítico”; en realidad, porque nos quiere hacer creer que en Cuba hay libertad de expresión.

A otro perro con ese hueso, Norge.

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