Tuesday, June 21, 2011

Algo que se me quedó por allá



El retrato de mi padre, Emilio Ballagas.
  No tengo que lamentar la pérdida de una mansión. Nadie me despojó tampoco de una fábrica de azúcar o un próspero banco. Ojalá, pero lo cierto es que la acumulación de riquezas materiales nunca fue el fuerte de mi familia. O el mío, dicho sea de paso.

Al marcharnos de Cuba apresuradamente en la primavera de 1980 el gran valor que me vi obligado a dejar atrás consistía en la copiosa biblioteca de mi padre, el poeta Emilio Ballagas, y varias obras de arte que decoraban nuestra casa. Supongo que entre los libros había algunos muy antiguos o viejas ediciones autografiadas, que tendrían cierto valor monetario. No sé, porque nunca se me hubiera ocurrido venderlos. Pero entre los cuadros se encontraba uno -entre un Portocarrero y un Mijares- que debí haberme llevado a como diera lugar: el retrato de mi padre hecho por el pintor Domingo Ravenet.

El retrato muestra a un Emilio Ballagas, muy joven, allá por la década de los 30, en pleno gozo de sus facultades creadoras, quizás cuando estaba a punto de terminar su libro Sabor Eterno.

Hay un cuadro semejante de Ravenet, de la misma época, un retrato del también poeta José Zacarías Tallet, autor de La Semilla Estéril. Son cuadros gemelos en estilo y tema. Pero el retrato de Tallet me parece que se encuentra de este lado del charco, mientras que el de mi padre, como ya dije, se quedó allá cuando nosotros nos fuimos.

Asombrado y triste, pude verlo otra vez hace poco, como ilustración de una entrevista con una hija de Ravenet publicada en La Jiribilla, esa paginita libelosa que Cuba tiene en la web. Para ser un cuadro tan valioso, sus actuales poseedores ni siquiera se han tomado el trabajo de restaurar el daño que se aprecia en su borde inferior, producto de la humedad y el tiempo. Qué horrible.

Aquí cuelgo una copia del retrato de mi padre que me robaron. Algún día se reunirá con el de Tallet.

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