Tuesday, August 30, 2011

Confieso que no

Anoche al fin me pude ver, después de numerosos contratiempos técnicos, una película que desde Cuba, cuando aún yo era joven, quería ver y no podía, por contratiempos políticos.

Un amigo que vive en Francia logró localizarla, guardarla en su PC y luego en un disco que me mandó. Pero ninguno de mis dos aparatos de DVD reconocía el disco, y ni siquiera mi computadora de mesa lo podía reproducir. Sólo mi laptop consiguió el milagro, no sé cómo. Y al fin la vi, 40 años después de hecha.

Se trata de L'Aveu, de Costa Gavras, basada en el libro homónimo (¿se dice así? Me suena tan raro...) de Artur London. Allá por los 70 en Cuba, años antes de yo caer preso, soñaba con ver esta pelìcula de un comunista y funcionario checo que es arrestado por la Seguridad del Estado y, después de obligarle a confesar qué sé yo cuántas cosas (espionaje, vil traición, qué sé yo), lo condenan en un colectivo juicio teatral del que pocos salen vivos.

Pues La Confesión me decepcionó. Quizás esperaba más de un guión de Jorge Semprún, y quizás un poquito -sólo un poquito- más de Gavras. Puede que exigía más de Semprún por el recuerdo de La guerre est finie. Pero nada. La película es insulsa, mal concatenada, y ni la terrible odisea carcelaria del personaje me la convierte en digerible. Tampoco Yves Montand. Ni siquiera mis malos recuerdos de la Villa Marista, y el clóset, y la guagua, y los interrogatorios implacables, las golpizas y la privación cotidiana de sueño que padecí yo mismo antes de hacer mi propia aveu me llevaron a simpatizar con la película.

Y ahora caigo en la cuenta, tonto, cuando saco cuentas. Ahora sé por qué. La película es de 1970. Era la época en que todavía Semprún comulgaba con ciertas ruedas de molino, aunque no se hallaba del todo en estado de gracia comunista. Todavía Federico Sánchez no se había rebelado (¿o revelado?) completamente, y el pobre no quería dañar la causa del proletariado con una denuncia "irresponsable" que le hiciera el juego a la burguesía y el imperialismo, sobre todo en plena guerra de Vietnam.

Ah... Qué malo es creer en cualquier causa.

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