Friday, September 16, 2011

Back in Miami, I guess

Tiene calles con nombres de pillos.
Días atrás leí una entrevista con la poeta Belkis Cuza Malé en otro sitio web. En una parte hablaba pestes de Miami, y no exenta de razón, pese a que el alcalde Tomasito Regalado le dio las llaves de la misma poco después de que mi esposa y yo nos mudamos para acá. Cosa triste, me dije entonces, y no porque Belkis no merezca llaves u otros honores más altos. Aquí hay calles que llevan nombres de peloteros, locutores de radio, de las esposas fallecidas de algunos locutores, de algunas putangas que posan de artistas, e incluso de algunos pillos que fueron a parar a la cárcel y su nombre hubo que borrarlo de alguna avenida, por simple pudor municipal. Pero no hay una sola que lleve el nombre de algún escritor que vivió (o malvivió) aquí de manera continua: ni Enrique Labrador Ruiz ni Guillermo Rosales, ni Carlos Victoria -todos muertos- y por supuesto, nada para el poeta Lorenzo García Vega, que aún alienta entre nosotros. Ningún alcalde antes de Regalado, y por supuesto, ni Tomasito mismo, se enteraron de que estos talentosos hombres residían en la Capital del Sol. Qué coño van a enterarse, si ellos no leen ni los presupuestos ni las proclamas que firman.

Belkis la emprendió con Miami a propósito de las simbólicas llaves que le dieron, repito, no exenta de toda razón. No fue por ingratitud, estoy seguro. Esta es una ciudad árida de espíritu, como sabemos. Belkis se quejaba, entre otras cosas, de tener que ver a Jaime Bayly presentarse en la tele con su esposa sentada en sus piernas hablando cositas sucias. ¿Qué hubiera dicho Belkis si lo hubiese visto como yo, la otra noche, no con su esposa en las piernas, sino en cuatro patas sobre el sofá del estudio, diciéndole al invitado que tenía detrás: "Y ahora usted me penetra con eso, ¿cierto?".

Jaja, debió hacerlo. Quiero decir, se merecía una estaca el muy imbécil. Y eso que posa de intelectual, y hasta publica libros con Alfaguara. En cualquier momento le dan su nombre a una calle, estoy seguro. O le dan también las llaves de la ciudad. ¿Por qué no? Al fin y al cabo es gratis, coño.

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