Friday, March 23, 2012

Reseña de 'Pájaro de cuenta'

¿Escrito contra Virgilio?

Por Rogelio Fabio Hurtado

Este año se cumple el centenario del natalicio del escritor y dramaturgo cubano Virgilio Piñera Llera. No le faltarán homenajes en La Habana, donde murió sin lágrimas oficiales en 1979, años antes de que fuese levantada la veda impuesta contra su obra y su nombre por aquel Congreso de Educación y Cultura de abril de 1971, tan nefasto para la vida cultural de la isla. Convocado a raíz del llamado “Caso Padilla”, sus resoluciones y directrices facilitaron el advenimiento del hoy llamado eufemísticamente Quinquenio Gris, un cataclismo del que aún hoy padecemos las repercusiones.

Las figuras intelectuales de la generación del 50, contemporáneas del convertido por propia decisión en Comandante en Jefe, quienes habían disfrutado a plenitud de la victoriosa década del 60, fueron puestas en la picota, coincidiendo con el fracaso de la Zafra de 1970 y el retorno de los cuadros intelectuales del Partido Socialista Popular –Mirta Aguirre, José Antonio Portuondo, el Tte. Luis Pavón y Adolfo Martí- a las posiciones rectoras de la vida cultural. Heberto Padilla, José Lezama Lima, Virgilio Piñera y sus respectivos amigos fueron invisibilizados. Dejaron inmediatamente de existir como sujetos culturales; sin embargo, no fueron las únicas víctimas.

Aquellos escritores ya habían publicado buena parte de sus obras y eran conocidos dentro y fuera del país cuando fueron borrados de la vida cultural cubana. Peor suerte corrimos los jóvenes de entonces, cuyas incipientes carreras literarias fueron entonces brutalmente interruptas. Algunos incluso fueron a parar a las cárceles, víctimas de la aberrante Ley del Diversionismo Ideológico.

Uno de ellos fue Manuel Ballagas, hijo de Emilio Ballagas, un gran poeta cubano fallecido en 1954, quien inesperadamente se vio encerrado en Villa Marista y condenado posteriormente a cumplir varios aňos de prisión.

Sentencia

Ahora, Manuel toma el desquite con su novela Pájaro de cuenta, publicada este año en Miami, donde reside. No se trata de un testimonio, sino de un texto de ficción, donde, para mi sorpresa, ajusta cuentas también con Virgilio y algunos de sus amigos, protagonistas de aquel mundillo literario y también víctimas de aquel genocidio cultural.

Escrita con dominio del oficio, las 257 páginas, estructuradas en cinco capítulos y un “epiloguito”, pueden leerse de un tirón. porque no se tropieza en el texto con diatribas ni metatrancas de ninguna índole.


El narrador sigue minuciosamente los últimos días de la vida del padre del teatro moderno cubano, en su apartamento de la calle N, en el Vedado, puesto bajo vigilancia por un destacamento de la Seguridad del Estado. Los pasajes donde Virgilio burla este acoso con la ayuda de una cédula de identidad argentina a nombre de su amigo, el escritor polaco Witold Gombrowicz, son divertidos y deliciosos, y reflejan la superioridad del acosado.

La presencia del fantasma del padre del autor, Emilio Ballagas, es un acierto al que pudo haber sacado mayor partido, puesto que permitía historiar aquella vida literaria de apenas cien personas, y contrastarla favorablemente con la del atroz Quinquenio Gris, cuando de hecho todos los aspirantes a escritores (aficionados a la literatura, era el calificativo que usaba la Seguridad) dormíamos esperando el fatídico aldabonazo.

Magistralmente narrado el encuentro entre Virgilio y el recitador Luís Carbonell en la biblioteca de la Unión de Escritores, si bien me parece injusto con el Acuarelista de la Poesía Antillana, quien también fue por muchos años marginado y víctima del machismo-leninismo.



Me parece que el libro carga innecesariamente la mano en detalles grotescos, sobre todo en los dos capítulos iniciales. La definición homosexual de Virgilio y su pánico existencial son circunstancias muy conocidas y escarnecidas por sus enemigos literarios y políticos. No creo que la narración demande volver sobre ellas una y otra vez. Para cuestionar su lengua viperina y cualquier otro rasgo de su personalidad creo que bastaba el capítulo donde dialoga con Ballagas padre.

Muy acertado el tratamiento que Ballagas da al interrogatorio de Virgilio en Villa Marista, a cargo del teniente Cintio Vitier Bolaños, donde sale a relucir la brillantez y el innato coraje intelectual del padre del teatro moderno cubano.

No dudo que en el cielo o el infierno de los literatos, donde quiera que esté, Virgilio dará su visto bueno a esta novela escrita por el hijo de su amigo Emilio Ballagas, a quien hemos de agradecerle este ficticio y veraz testimonio de una época tan tenebrosa.

Rogelio Fabio Hurtado (La Habana, 1946) es un crítico, escritor y poeta cubano residente en la isla, donde ejerce como periodista independiente. En estos momentos visita Estados Unidos. El próximo viernes 30 de marzo, Hurtado sostendrá un encuentro con sus lectores y conocidos de Miami en el Café Demetrio, en Coral Gables, a las 7 p.m.

Pájaro de cuenta está disponible aquí:

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