Sunday, April 15, 2012

Cuadernos de presidiario

Hora de silencio



Al preso que duerme no se le despierte.

Dicen que porque cuando sueña le viene, como un ángel, la libertad.

Es libre de las trampas del tiempo y sus sentencias. Libre de las tenazas del reloj. De las horas contadas con angustia, entre bocado y amargo bocado de come-y-calla. De los almanaques y los aniversarios...

Sueña y parte, se eleva el reo que duerme si nadie le perturba. Abandona la cárcel de su cuerpo vencido y conquista su alma un raro cielo sin nubes, más allá del tosco techo que le encierra. Lejos de su pena y la de los ajenos, siempre gritones, listos para abrir sus ojos de una patada y devolverle de golpe al dolor que no tiene alivio.

Pero por ahora sueña y los ignora. Ignora el preso, en su viaje efímero, el infierno de que escapa.

Dios le dio permiso para alegrarse esta mañana.


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