Friday, May 4, 2012

Cuando la veo, la reconozco


Confieso que soy mal juez para la poesía. Con ésta me pasa lo que a ese juez que decía que sólo reconocía la pornografía cuando la veía. Yo reconozco la poesía cuando detecto ese misterio, esa luminosidad rara, que se filtra entre las palabras. No tiene que ser necesariamente en un libro de versos, aunque sucede ocasionalmente. Es lo que me ha ocurrido precisamente con el libro Solárium, de Yosie Crespo.

Crespo todavía madura; eso se echa de ver y se entiende, porque es joven. Pero en sus poemas ya hay algo de ese fruto logrado que nos asombra y embriaga, y que al final, resulta en ese misterio de que hablaba anteriormente.

Me da regusto, por ejemplo, repetir estos versos suyos, que se quedan con uno tras la lectura, adheridos al párpado y la lengua:

Con el recuerdo de nuestras voces
hazme bailar como un trompo.
Permanece junto a mí
cuando termine la tormenta.

No sé dónde leí una vez que el narrador se sirve de las palabras, mientras que el poeta las sirve. Eso hace Crespo. Eso exactamente. Solárium es un banquete.

Solarium. Yosie Crespo. Ediciones Baquiana, Miami, 2012. Primer Premio, Nuevos Valores de la Poesía Hispana, 2011.

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