Monday, May 7, 2012

Una carta a Celia Sánchez


Los cubanos seguramente se acuerdan.

Era como el último recurso. Campeona de las causas perdidas. Abogada Socialista de los Imposibles.

¿Quién no pensó en escribirle alguna vez una carta a Celia Sánchez?

¿Que te despidieron del trabajo injustamente? Pues escríbele a Celia, mijo. ¿Que el techo se te está viniendo encima y en el Consolidado no te hacen caso? Pues cuéntale a Celia Sánchez lo que te pasa. ¿Que estás viendo demasiados abusos, trampas y latrocinio a tu alrededor? ¡Escribe! ¡Escribe una carta a Celia Sánchez y verás cómo todo se te resuelve!

Yo no conocí a nadie por quien intercediera esta Primera Dama del Primer Territorio Libre en América. Pero sí escuché hablar algunas veces de sus buenos oficios: su ánima luminosa que acudía en auxilio de enfermos, ancianos, desvalidos y víctimas de las ruedas trituradoras de la burocracia. Caía sobre ellas, justiciera y poderosa; las detenía, y enseguida exaltaba a los buenos y echaba por tierra a los malvados.

¡Escríbele una carta a Celia Sánchez!

Una vez alguien me lo recomendó, en medio de una de mis tantas desgracias, pero me resistí a hacerlo. Me pareció tan ridículo... Además, ¿qué le iba a decir? ¿Que odiaba aquel sistema a muerte y lo único que quería es que llovieran bombas para quitarme tanto sufrimiento y justa rabia de encima?

Así que nunca le escribí a Celia, pero sí conocí a una viejita que lo hacía una vez más que otra. Vivía cerca de mi casa y tenía un viejo retrato de la heroína revolucionaria en la sala de su casa. Y cuando quería que algo se le diera, le escribía una cartica y la metía detrás del retrato. Así de grande era su fe.

Curiosamente, nunca escuché mencionar nada semejante de Fidel Castro. El Comandante, como el coronel de la novela, tampoco ha tenido quien le escriba. Celia sanaba, resolvía; Fidel sólo encarcelaba y fusilaba. Vaya usted a saber.

Todo esto me viene a la mente después de ver, hace poco, en Miami, la obra teatral Cartas de amor a Stalin, del español Juan Mayorga, en una excelente puesta en escena de Alberto Sarraín, con actores de primera: Mabel Roch, Larry Villanueva y Mauricio Rentería.


A la salida del teatro, alguien me comentó que la obra le recordó el martirio de una pareja de literatos cubanos que, a fines los años 70, los del famoso Quinquenio Gris, se vieron en la necesidad de suplicar al Líder Máximo que les dejara abandonar el país, ya que por razones de Estado no tenían futuro alguno en él.

Ellos y muchos de nosotros, que no le escribimos ni a Fidel ni a Celia, acabamos por irnos. ¿Es que acaso alguien se apiadó de nuestros padecimientos? No lo creo. Cartas de amor a Stalin tiene que ver, a mi juicio, más con la crueldad arbitraria del poder que con la capacidad compasiva de éste.

Huelga decir que Mayorga se tomó todas las libertades que necesitó para escribir su obra. Por eso, no cabe duda que en Cartas... ni Bulgakov es Bulgakov ni Stalin es Stalin. Tampoco es cierto que el autor de El maestro y Margarita pasara el tiempo escribiendo carta tras carta al “padrecito” del Krémlin.

Mijaíl Bulgakov
La verdad (si es que en la historia puede existir eso, la verdad) es que en una ocasión Stalin llegó a ir a ver 15 VECES una obra de Bulgakov, y que en una ocasión al menos respondió a una carta en que el escritor le pidió específicamente permiso para emigrar. Le llamó por teléfono para confirmar si era eso lo que quería, pero Bulgakov le respondió que un escritor soviético no podía vivir fuera de su patria. Así que le tomaron la palabra, ¿qué les parece?

Con lo que arribo a mi conclusión final: El arma principal de Stalin, de Castro, y de todos los tiranos comunistas en su enfrentamiento con escritores díscolos e ideológicamente incómodos fue siempre el extraño amor que estos sentían por la revolución que ensalzaron y por el líder máximo que les torturó a su antojo. A esto se alude de manera simbólica en cierto momento de Cartas... cuando Bulgakov y Stalin parecen enlazarse en una especie de danza íntima y suave.

Puede que no se haya conocido algo semejante en la Historia antes de la toma del poder por los bolcheviques en 1917. Que gente culta, ilustrada y racionalista endiosara tanto a un movimiento político y a sus dirigentes, que hasta les pareciera hermoso ofrendarles sus mismas vidas, con tal de contribuir al triunfo de la Causa. Pero así fue. Algunos incluso fueron al paredón proclamando su eterna fidelidad.

¡Qué desperdicio de genio, virtud y emociones! Coño, ahora que lo pienso, ¿por qué no le escribieron una carta a Celia Sánchez?

Si alguna vez oyó hablar del Quinquenio Gris, ésta es la única novela cubana que retrata esos años de miedos y cagaleras entre los intelectuales cubanos. Ahora está disponible por sólo US$3 en versión electrónica. PDF utilizable en iPad y su PC. Haga clic en la portada para adquirirla:


1 comment:

  1. ¡Eso de la carta detrás del retrato tienen su gracia! Lo voy a meter en un cuento, jajajá...las cosas que hace la gente, qué bárbaro...
    Cariños,
    la Te

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