Wednesday, September 12, 2012

Temeroso despertar

De madrugada, la puerta de la celda se abría de golpe y la fiera irrumpía entonces en el minúsculo y oscuro espacio, arrojándose sobre él con las fauces abiertas, apuntándole al cuello. El alzaba las manos para protegerse, trataba de ponerse de pie, pero el animal, de un tamaño y un peso enormes, vencía su resistencia aletargada, clavando las pezuñas en su piel y en su yugular sus encías vacías e inofensivas. No bien el preso se percataba del artificio, el guardia tomaba al perro desdentado del arreo y se lo llevaba. A veces, le arrancaban así del sueño.

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