Tuesday, October 23, 2012

Por qué no fui ni iré jamás al canal 41

Por Juanita Baró

Si quiere saber por qué no acepté la hipócrita invitación que lanzó el señor Oscar Haza en su programa  A mano sucia, se lo voy a decir en pocas palabras:

Porque desde hace tiempo considero ese canal, el 41, o América Tevé, como muy racista. Basta con ver que en todos sus programitas de variedades barren el piso casi a diario con los negros y hasta con su religión.

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En la TV anglosajona todos los grupos étnicos tienen oportunidad de trabajar. Pero en los canales latinos, pese a acusar constantemente al Tío Sam de racista, no le dan trabajo a los negros, ni en sus negocios, ni en la TV. Pero en el 41, para colmo, ridiculizan a los afrodescendientes y hacen mofa de su religión continuamente. ¿Por qué será?

Cualquier diría que toda esa gentuza proviene de una raza especial. Tienen nariz chata, labios protuberantes y rasgos claramente mestizos, pero los pobres se creen que el KKK no les va a caer encima si les ve el pelaje que tienen. ¿Y a esa emisora pretendía el señor Haza que yo acudiera como un perrito manso? ¡Por Dios! Eso es un verdadero estercolero.

Lo más triste del caso es que en América Latina los españoles se mezclaron con los indígenas y negros traídos de Africa, como en el caso de Cuba. Y en el elenco pujón de América Tevé que se presta para la burla aparecen –pasándose por blanquitos- jabaos, capirros y mulatones, como el propio señor Haza.

Viví años en Nueva York y allí aprendí mucho de las luchas por los derechos civiles y cuánta sangre costó ésta. Pero cuando me fui de Miami no pensé que a mi regreso iba a ver en la TV de aquí cosas semejantes a las del 41. Además de mostrar en él chusmería, encuereces a cualquier hora y una avalancha de malas palabras cada vez que les viene en gana, envenenan a nuestros niños y jóvenes con el racismo.

Ese es un legado que, sin duda, han traído acá con la intención de desprestigiar al exilio y llenarlo de su cochambre. ¿O no se acuerdan? Fidel Castro siempre ha tratado de “convertir el revés en victoria”. Así que ahora hay que transformarnos en mafiosos, ladrones, discriminadores y mierderos.

Otra causa que me frenó de aceptar la hipócrita invitación de Haza es que considero también que ese canal es ni más ni menos que una sucursal del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), el cual da la casualidad que también funge como oficina de intereses de Cuba, y por él se pasean los mal llamados “artistas”, reguetoneros vulgares y todos los modelos de “ño qué barato” que vienen ahora a rapiñar plata a Miami sin pagar un centavo de impuestos. El IRS debiera estar al tanto, y quizás lo esté ya, gracias a Dios.

A juzgar por lo ocurrido tras un reciente incidente con una presunta diva cinematográfica cubana, parece que el señor Haza ha creado también con su programita un departamento para limpiar la porquería de esos que vienen de Cuba con la caca aún fresca encima.

Al parecer, el señor Haza no tiene idea siquiera de que vivo en este país, del cual soy ciudadana, desde el 1º de mayo de 1980. Que numerosas personas me conocen como artista; que he enseñado cultura cubana durante muchos años a niños y jóvenes, desde programas de after school hasta las aulas de Florida International University. He bailado, actuado y coreografiado y ganado premios en esta comunidad cuando el señor Haza no era ni reportero fijo en la tele local. Hice TV en el programa Qué Pasa USA?, además de cine en películas como The Specialist y The Perez Family. ¿Alguna vez se le ocurrió ir a ver La noche de los asesinos, por ejemplo? No, porque el señor Haza no va al teatro. Pero lo mejor es -¿saben qué?- que jamás he hecho algo que haya ofendido a esta comunidad en que vivo, como hace a menudo el señor Haza.

Como buen ignorante que es el señor Haza escogió un tema muy malo para presentar a una artista. Total, todo para tener que ver a esa pobre infeliz con un blúmer o papalote rojo en la cabeza que ni siquiera tuvo una buena respuesta del público, aunque muy apropiada para alguien que, por cierto, no ha hecho nada sin ayuda de sus relaciones personales, y que sólo atinó a gritar “¡miserables!” cuando dije la verdad sobre sus actos pasados. Así que, además de darme golpes hace treinta años, ahora me echa encima el mote de “miserable”. Nada, que hay que venir con la bendición de Castro para que el señor Haza nos haga caso.

Me he quedado esperando, mientras tanto, por esos pioneritos que quieren tender puentes y promover reconciliaciones. Sé por dónde vienen. Yo también tuve ese zapato en la cabeza cuando era niña. Eso de la revolución, y de “con la revolución todo y sin la revolución, nada”. Eso de tildar de desafecto, gusano, contrarrevolucionario, a cualquier inconforme. Y cuando te ponían esos nombretes, ya tú sabes, los amigos no querían verte, te esquivaban. Si les hablabas, miraban a los lados, como ocurre ahora aquí, pero al revés.

Irónicamente, hace un año que regresamos a Miami y he encontrado aquí gente así, que se aterran al escuchar una voz distinta, que no habla de los consabidos puentes, o de un pretendido perdón u olvido. Que habla de justicia y verdad.

No se piense que aludo a una canción cursi. Hablo de los nuevos lemas que han creado los aspirantes a pioneros que pretenden regresar a Cuba por la puerta grande, o que simplemente les perdonen sus pecados de antaño y los dejen ir de visita, a pavonearse entre los infelices que todavía viven allá. ¡Y eso que a algunos les costó bastante trabajo y dinero salir de ese infierno!

Ese libreto me resulta muy familiar y ninguno de ellos quiere desentonar. Para ellos “la sala no es la sala, la sala es la cocina, el cuarto no es el cuarto, el cuarto es el inodoro”, al decir del dramaturgo exiliado José Triana en La noche de los asesinos. El resto tenemos que sufrir el martirologio.

Ojo, Damas de Blanco y opositores que reciben palos a diario en Cuba. Si vienen por acá, al canal 41 de Miami, a denunciar algún maltrato, el señor Haza inclinará su mesa (que siempre va hacia la izquierda) y les pedirá pruebas, con la insistencia de un inquisidor, como le hizo a un señor que habló de una infame carta que una vez firmó contra él el “arrugado rostro del cine cubano”, para privarlo de su trabajo en el ICAIC.

Señor Haza: Usted tiene pretensiones de ser un “Bill O’Reilly” por aquello de la alianza Fox-América Tevé, pero sigue siendo, por más que invente, el mismo reporterito de siempre con mejores ropas, y además, alguien que no hace honor al lema de “fair and balanced”. En cuanto a mí, soy más que negra (eso que tanto denigran cotidianamente el señor Haza y el 41), y hasta más que artista: soy cubana con dignidad y vergüenza, y eso me basta.

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