Sunday, December 2, 2012

Al partir

No supo quién le dio el primer empujón. Ni tampoco el primer puntapié. Ni siquiera el puñetazo en la cara que tanto le dolió. Para cuando empezaron a escupirle y patearlo, Manolito ya se había desplomado boca abajo, con los ojos sepultados en la arena y el polvo y la gravilla. Sólo podía oírles gritar, encerrado en el estrecho círculo que habían formado poco a poco a su alrededor.

ESCORIA ESCORIA ESCORIA ESCORIA ESCORIA

Alguien le contó que caminó más tarde rumbo al barco con la serena lentitud de un sonámbulo, sostenido por otros que andaban de igual manera. Dicen que le alzaron así a la cubierta, dejando a su paso manchas de sangre inerte y pegajosa, y que una vez allí, volvió a caerse y quedó malamente sentado.

Miró atrás entonces y observó cómo el contorno de la isla se iba achicando poco a poco. Sus huellas se disolvían también en la espuma.

1 comment:

  1. No muchos años después, los que le escupieron viven también en Miami...

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