Thursday, January 3, 2013

Adiós, tristeza

Cuentan que en que 1968, en plena efervescencia revolucionaria, la novelista francesa Françoise Sagan acudió al Teatro de l’Odéon en París a fin de mostrar su solidaridad con los estudiantes acuartelados allí para una huelga.

“¿La camarada Sagan ha venido en su Ferrari para alentar la revolución?”, le preguntó uno de los estudiantes al verla apearse de su resplandeciente automóvil.

saganpic

“Falso”, repuso ella inmediatamente. “Es un Maserati”.

Invoco la anterior anécdota –cuya veracidad no puedo garantizar– por puro esnobismo, como han de suponer. Poca sustancia puede aportar a este breve y superficial comentario sobre una película que desde hace varios meses me asalta por la televisión, y en cuya raíz está una obra muy sobada, llevada y traída de la célebre autora francesa.

Bonjour Tristesse fue una novela de adolescencia que tuvo la enorme fortuna de convertirse en un superventas global en una época (1954) donde eso no ocurría demasiado a menudo, y menos para una autora tan joven. La ayudó, eso sí, el alto grado de desilusión de sus personajes y lo escabroso de su tema. ¿Una niña ya escribe así?

bonjourpic

“Charmant petit monstre”: así calificó a Sagan entonces el escritor François Mauriac en la primera plana del conservador diario Le Figaro.

¿Quién sabe si realmente lo fue? Monstruosa, quiero decir. En todo caso, negando aquello de que only the good die young, Sagan murió hace poco a la provecta edad de 69 años. Cifra significativa e insinuante, como ya ustedes, tan mal pensados, piensan.

Y yo me quedo con la espina de toda una generación de no haber visto antes la película que Otto Preminger hizo en 1958 basándose en la ópera prima de la escandalosa y juvenil escritora. Fue, como era de esperar, “prohibida para menores”. ¿Es que acaso debimos haber nacido antes para no perdérnosla?

bonjourposter

Na. Realmente no es tan buena película, con el perdón de los fanáticos de Preminger. Es tan inocentona que me sorprende que todavía a estas alturas la estemos discutiendo. Caramba, si no se ve ni una tetica… Me encanta, eso sí, la escena final, donde una andrógina y bella Jean Seberg llora a moco tendido su inocencia perdida mientras se embarra la cara con cold cream; pero a estas alturas tengo de ella el mismo criterio que sobre el libro que la inspiró.

¡Y pensar que una novelita rosa sobre burgueses tediosos y adúlteros logró escandalizar al mundo en los 50! ¡Y pensar que muchos chuparon de la película que hizo Preminger unas ínfulas existencialistas insoportables!

Bueno, ¿qué se va a hacer? Llegamos al mundo demasiado tarde para disfrutar Bonjour Tristesse en su justo momento, pero ver a Juliette Greco en esta película, después de tantos años y aunque fuera a destiempo, al menos valió la pena. Aquí se las doy, gocen:

No comments:

Post a Comment