Thursday, January 24, 2013

Ruinas de un castillo de arena

En mi vecindario, en torno a un laguito azul que nos ve trotar cada mañana, anda un artífice del polvo que levanta de cuando en cuando, con el solo fin de halagar nuestros ojos, unos castillos tan intrincados como extraordinarios.

Con la arena y el agua por únicos ingredientes, este huidizo constructor dota a sus mágicos edificios de torres, torreones, escalinatas, ventanas, almenares y puentes levadizos. Luego, se esfuma y nos deja la sabrosa tarea de asombrarnos y catar su obra.

Como en las películas del Llanero Solitario, todos nos preguntamos al final: ¿Quién es este artista enmascarado?

Ayer, después de ver su obra más reciente, me prometí echarme encima una cámara para retratarla y mostrarla aquí. Pero cuando me acerqué al sitio esta misma mañana, encontré que algún imbécil o envidioso la había derrumbado sin piedad. Quedaban solo los despojos, con una sarcástica nota de a+ marcada como calificación.

Y así, sólo pude retratar y colgar aquí las ruinas de un castillo de arena. Ojalá nunca pase lo mismo con todo lo que fabricamos con la sustancia del sueño.

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