Thursday, March 28, 2013

Crónica del Quinquenio Gris

Por Roberto Madrigal

“Just because you are paranoid doesn’t mean they aren’t after you.”

Yossarian, en Catch-22, de Joseph Heller

La historia de la literatura en los países que han sufrido regímenes totalitarios está plagada de obras y autores que se han dado a conocer mucho después de ser escritas, o bastante tiempo después del momento para el que debieron ser escritas o después de muertos los autores. Basten, entre otros, los ejemplos de Cuentos de Kolyma, de Shalamov, Vida y destino, de Grossman o las narraciones y piezas teatrales de Josef Svorecky y de Bohumir Hrabal. En Cuba, de manera un poco tardía por una parte, pero antes de la caída final del totalitarismo, está empezando a suceder. Pájaro de cuenta es una de ellas.

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El pájaro de cuenta de esta novela no es otro que Virgilio Piñera, sobre cuyos penúltimos días gira la trama. A partir de aquí, Manuel Ballagas (La Habana, 1948), autor de la novela Descansa cuando te mueras, hilvana diálogos, situaciones, recuerdos y enfrentamientos, probablemente imaginarios pero muy cercanos a la realidad, que suceden durante unos días de octubre de 1979, en el último otoño de un otoñal Piñera “padre del teatro moderno cubano y maricón extraordinaire” como repetidamente se ocupa el autor de presentarlo, entre éste y algunos miembros de su círculo más íntimo (que como veremos, no por íntimo es inofensivo), que nos llevan hacia atrás y de nuevo al presente, haciendo al lector enfrentar el ambiente de persecución policial que caracterizó toda la etapa del mal llamado Quinquenio Gris y a la vez presentar al creador sometido a la humillación y habitando su ostracismo. Estamos ante el angustioso descenso final de un artista marginado que enfrenta sus demonios personales y a sus funcionarios enemigos en la más absoluta soledad y en un paralizador desasosiego.

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Ballagas, que se inició temprano en la literatura como uno de los integrantes del grupo ahora llamado El Puente y que tras sufrir la censura de su primera obra narrativa por decisión directa de Fidel Castro, por su condición de marginado, se movió a la deriva en el universo cultural cubano hasta que terminó en prisión. Sabe de lo que habla. Por estas páginas transitan Antón Arrufat, José Rodríguez Feo, Miguel Barnet, Reynaldo González, Cintio Vitier, Jesús Díaz, Norberto Fuentes y muchos más. No escatima juicios lacónicos y socarrones sobre muchos de nuestros hombres de letras, ajustes de cuenta provocadores ante los cuales el lector puede tomar partido. Asi define a César López como “un poeta lamentable, totalmente prescindible en cualquier enumeración seria”. A Abelardo Estorino como “autor de una obra de poca monta y totalmente prescindible en la historia del teatro cubano, Los mangos de caín”. Miguel Barnet es “el autor de un seminal poema al Ché Guevara -el de pluma por pistola ni más ni menos-”. De Arrufat pone en boca de Virgilio que “Antón no escribía, sólo copiaba muy bien... estaba escribiendo ya ...Los siete contra Tebas, copiada, como era de esperar, de un clásico griego”. El propio Ballagas aparece en la novela como un alter-ego que molesta a los otros personajes y que se adentra fortuitamente en una situación en la cual termina burlándose de Silvio Rodríguez.

Mayormente narrada en tono realista, la figura del poeta Emilio Ballagas, padre del autor, entra en juego como un fantasma, incialmente apenas pereceptible, pero cuya presencia al final de la novela se ajusta al vuelco surrealista que sufre la narración. En su último capítulo, la novela ofrece una versión pesadillesca de la muerte de Virgilio, narrada como una tragedia shakespeariana, solamente que aquí parece que Julio César está escrito por Charles Bukowski (autor que sé que Ballagas conoce muy bien, a diferencia de muchos autores cubanos a los cuales se les atribuye su influencia). Piñera llega a su final arrastrando la carga de varios arrinconamientos, que vienen desde los años de Orígenes y todavía le asedian, como un hombre empecinado, a la quimérica espera de un indulto que justifique su sacrificio y su decisión de permanecer en una sociedad que lo detesta por su acerbo y por su homosexualidad. Desnudo entre lobos sin querer enterarse. Un César rodeado de un senado que lo traiciona porque siempre respondió a otro emperador. Alguien que se niega a ver venir lo que él mismo predijo. Su muerte vendrá a liberarlo de un ambiente lleno de envidias, rencillas, chismes peligrosos y toda la excrecencia humana que encarnan los personajes de esta novela.

Ballagas mueve su prosa ágilmente, con un eficiente uso del leitmoiv y una poética que convierte lo soez en elegante arma literaria. Se mueve con soltura por un posible pantano narrativo y sale de él con éxito artístico.

En este año, que en Cuba las autoridades culturales que aquí se denuncian han convertido en “año virgiliano” y a lo largo del cual se sucederán, a ambos lados del estrecho de la Florida, sacarinosos y pomposos homenajes a la figura literaria de Piñera, muchos sinceros, otros llenos de hipocresía y otros solamente para aumentar el resumé y el ego personal de los académicos de turno, este libro, a pesar del pesimismo y el dolor que lo envuelve, no pudo haber salido en un momento más oportuno. Es un verdadero aporte a la memoria de una etapa y de al menos un par de generaciones.

(Tomado del blog Diletante sin causa)

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