Monday, March 11, 2013

Vaya usted a saber

Ahora que me acuerdo: Cuando yo tenía tres o cuatro años, mi padre me regaló por Navidad un View-Master. Ya saben, era uno de esos aparatitos pequeños, con dos visores, hechos de plástico, generalmente negro, que parece que se pusieron de moda a comienzos de los años 50.

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Supongo que serían el equivalente, en esos tiempos, de una iPad o un Xbox. Yo estaba encantado con aquel regalo, que yo atribuía, claro, a los Reyes Magos. Se insertaban en ellos unos discos de cartón blanco constelados de diapositivas, en forma de círculo, en torno a sus bordes. Luego, accionando una palanquita, se pasaban estas imágenes, que se veían en perfecta tercera dimensión, a contraluz.

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El View-Master que me regaló papá vino acompañado de varios discos. Estos traían vistas de los lugares más diversos: los Alpes suizos, la Ciudad de México, bosques de Alemania y, si mal no recuerdo, verdísimos paisajes de la Amazonia brasileña y uno de las célebres Cataratas de Niágara.

Conservé este obsequio mucho tiempo. Creo que incluso abandoné en Cuba el View-Master, junto con sus discos, y muchas otras pertenencias, cuando nos largamos de allí hace más de 30 años. Puede que alguien todavía lo esté usando.

No sé por qué los discos que me regaló mi padre contenían sólo vistas de sitios, y no figuritas de otro tipo. ¿Serían lugares que soñó visitar y no pudo? ¿O acaso serían sitios que hubiera querido que yo visitara cuando fuera mayor? Puede que sólo los eligiera al azar en una tienda. Lo más probable es que nunca lo sepa.

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