Friday, April 5, 2013

Esto es tener fe

Mi vecina, una anciana generalmente taciturna, me dio la buena nueva esta mañana.

–¡La vi, vecino! ¡La vi! –exclamó, saliendo a mi encuentro en el parqueo– Allí, al pie de ese roble, mire.

Me condujo hasta el árbol seco y me lo señaló, por toda prueba.

–¿A quién vio? –le pregunté– ¿De qué me habla?

Temía que hubiera perdido la razón. Pasa demasiado tiempo sola. Sus hijos la visitan de cuando en cuando, pero nunca sale, raras veces conversa. Lo único que dice a menudo es que sólo espera la muerte.

–¿A quién va a ser, vecino? –dijo ella.

Hizo un gesto como de mecanografiar algo en el aire.

–No puede ser –le dije.

Ya había visto esa mímica antes, en alguna otra parte, por estos mismos días, para referirse a cierta persona.

–Esa misma –insistió la viejita.

–¿La muchacha de la computadora? –insistí, porque todavía no salía de mi asombro.

–Sí señor –repuso ella.

–Pero anda por Europa, ya no está en Miami, sigue su gira... –le dije.

–No importa –contestó– Ella se me apareció y la vi, vecino.

–¿¿¿Se apareció???

–Así mismo, como la Virgen –me dijo entonces, muy seria, acercándose más al árbol y tocando el tronco con la palma de su mano– Me saludó, sonrió y me bendijo. Después, se fue.

–¿Usted está segura? –pregunté.

La vecina me miró como supongo que un creyente contempla a un incrédulo recalcitrante después de mucho discutir con él el dogma de la trinidad. Con absoluto fastidio e impaciencia.

–Mire –dijo luego, apuntando a una parte del tronco del árbol, más arriba.

Había allí una mancha grisácea ovalada, concéntrica varias veces, sobre una zona amarillenta de madera. Parecía una marca de humedad, pero mi vecina estaba convencida de otra cosa.

–Ella me dejó esa marca como prueba, para los dudosos como usted –dijo la anciana– Mírela. ¿No ve cómo se parece a Yoani?

Por más que quise verla ahí, no pude. Eran óvalos y más óvalos, cosa de la lluvia. Pero en fin, si un supuesto crítico de arte graduado de Harvard dijo hace poco que la disidente cibernética se parecía a la Gitana Tropical, de Víctor Manuel, ¿quién era yo para ser tan obstinado? Así que sonreí beatíficamente, después de ver la luz, y le dije enseguida a mi vecina:

–Vamos a rezar, señora. Recémosle a Yoani para que venga pronto la libertad de Cuba.

Y los dos caímos prostrados de rodillas ante la imagen estampada milagrosamente en el árbol.

1 comment:

  1. Sigan durmiendo d ese lado q se van a caer d lá cama

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