Saturday, June 22, 2013

¿Te acuerdas de la RDA?

City of Angels or The Overcoat of Dr. Freud. Christa Wolf. Farrar, Strauss & Giroux. New York, 2010. US$27.

La apodaban República de las Tres Mentiras, porque la RDA no era república, ni democrática, ni alemana. Pero la novelista germano-oriental Christa Wolf nunca pudo reconciliarse con la desaparición de ésta, a la que llama cariñosamente, su “pequeña patria”.

Bueno, la Wolf, fallecida en el 2011 tras una larga carrera literaria que incluyó bodrios realistas socialistas como Cielo dividido, estuvo y está todavía en buena compañía: la izquierda mundial nunca ha podido consolarse o siquiera entender del todo el desplome de su patria preferida, el bloque soviético, con su capital moscovita.

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Las excusas para semejante desatino sobran.

¿Que hubo un espantoso Gulag que trituró a millones de inocentes? Hay que entender el momento histórico en que ocurrió. ¿Que la misma RDA era una sociedad de soplones al servicio del partido único y su policía secreta? La lucha antifascista exigió sacrificios ineludibles. ¿Que la URSS ejercía un implacable dominio de sátrapa sobre media Europa en aras de sus mezquinos intereses nacionales? Pues los proletarios no tienen patria, ni más ni menos.

Qué hatajo de comemierdas. La Wolf incluida, con el perdón de los fieles difuntos.

Y es que acabo de leerme, con mucha disciplina y a veces ganas de vomitar, City of Angels or The Overcoat of Dr. Freud, la edición norteamericana de la última novela que escribió esa autora, y me he quedado mudo ante tanta estulticia y escamoteo moral. ¿Qué más les puedo decir? No debería sorprenderme, porque tuve la desdicha de leer Cielo dividido, mientras yo mismo era huésped del Gulag castrista.

Publicada en 1963, aquella novelita, divulgada en La Habana por las ediciones Cocuyo, tenía la pretensión de arropar con nuevo vestuario al engendro estético estaliniano, pero no resultaba en el fondo más que un velado argumento a favor del infame muro levantado en Berlín dos años antes, para impedir la fuga continua de alegres víctimas del socialismo real. Al final de la novela, la protagonista, espantada por la sociedad “egoísta” de Berlín Occidental, regresa disciplinadamente al redil del Este, prácticamente unos días antes de que se erigiera el Muro que tanta sangre costó a los residentes de ese cielo.

¿Puede haber infamia mayor?

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Pues aunque no lo crean, sí. Con City of Angels la Wolf se anotó un tanto más elevado en el score de la desvergüenza, justo cuando cualquiera hubiera pensado que esto no era posible, y precisamente justo cuando hubiera podido vomitar toda la verdad sobre aquella república mentirosa que ella ayudó a procrear, y ella misma, al final, contribuyó a enterrar.

Porque desde mediados de los 70 Wolf y su esposo habían pasado a engrosar en mayor o menor medida la disidencia germano-oriental. No mucho, sólo sacando el pie del plato un poquito. Y la escritora fue una de las oradoras de la famosa manifestación masiva de noviembre de 1989, en Alexanderplatz, Berlín Oriental, donde se empezó por cantar la Internacional, pero se acabó por derribar el muro que tiempo atrás Wolf y su partido habían colocado entre su cielo marxista y el presunto infierno del otro lado, y por sacar del poder a los comunistas.

Los alemanes del este no se conformaron con cambios limitados, sino que los acontecimientos y las sociedades civiles del este y el oeste fueron avanzando progresivamente hacia una Alemania unificada bajo las banderas de la economía de mercado y la democracia política. Esto es lo que se llamó, en buen alemán, die Wende, o “el Giro”.

Sería para alegrarse, aun para alguien que se defina de izquierda. Pero por alguna razón, el lamento por lo que llama “colonización” de su patria socialista perdida es una constante en City of Angels, un libro que se anuncia como una cosa y resulta ser otra completamente distinta.

Los editores de la novela e incluso las reseñas de ésta hicieron mucho hincapié en que el libro giraba en torno a la larga e intensa vigilancia de que fueron objeto la autora y su esposo por la policía secreta germano-oriental (Stasi), y de los muchos documentos que sobre estos operativos encontró la Wolf al abrirse al público los archivos de los segurosos. Pero también, explicaban, City of Angels giraba en torno al insólito hecho de que al registrar esos archivos la escritora descubrió que ella misma había sido informante de la Stasi en cierto momento, y –algo más terrible aun– no lo recordaba en absoluto.

La amnesia como defensa. Nada original, pero sí gracioso.

Fue sólo por esta razón que me tomé el trabajo de encargar la novela en mi biblioteca pública local, pero la sorpresa que me llevé al leerla fue incluso mayor que la de Wolf al escudriñar los archivos de la policía secreta de su difunto país.

El supuesto tema central (muy espinoso, porque la autora fue, en verdad, colaboradora de la Stasi) no pasa de ser objeto de vagas alusiones y lamentos ocasionales, mientras que el verdadero asunto del libro acaba por ser la visita de Wolf a la ciudad de Los Angeles, en California, adonde acude como becada para realizar investigaciones literarias en los 90.

Para la Wolf y los académicos que la rodean en esta visita, el mundo norteamericano –por el que antes pasaron ya alemanes ilustres como Thomas Mann y Bertolt Brecht durante el régimen nazi– es un universo más o menos absurdo que sólo es capaz de provocar reacciones de temor, perplejidad y abierta hostilidad en gente tan ilustrada como ellos.

Hasta los negros norteamericanos se presentan en esta obra casi sólo como desamparados o delincuentes peligrosos, con la excepción de uno, un profesor que declara sin tapujos su fe marxista. Los indígenas, como era de esperar, son descritos en ciertas partes del libro como seres místicos e inocentes. Un angelito negro, qué ocurrencia, cuida y dialoga, además, con la autora a medida que su visita al “imperio” toca a su fin.

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La Wolf y sus amigos se pasean, pues, por la ciudad de los ángeles como si anduvieran por un extenso campo minado o en el extremo más caliente del infierno. La Wolf se queja a menudo de que la sola mención de la palabra “comunismo” provoca en este extraño país una tremenda reacción de hostilidad, y llega a preguntarse por qué el capitalismo, que tantas cabezas cortó al principio, ahora sólo es recordado por su lema de “libertad, igualdad y fraternidad.

En City of Angels, hasta los personajes norteamericanos parecen extranjeros en este país que Christa Wolf, por lo visto, se inventó.

Y las noticias que le empiezan a llegar a la autora de Alemania sólo sirven para intensificar sus sufrimientos en el baluarte mundial del maldito capitalismo. Ha de ser 1993, cuando la prensa de una Alemania libre reveló, artículo tras artículo, que en los archivos de la Stasi la novelista laureada y prestigiosa, miembro del Partido Comunista de la RDA durante 40 años y enemiga de la unificación alemana, constaba como una vulgar informante.

“¿Cómo no me puedo acordar de eso?”, se pregunta la Wolf, desesperada, muchas veces en City of Angels.

Un personaje de esta novela testimonial, un sicólogo, le explica muy doctamente en cierto pasaje a la autora que “cosas semejantes suelen suceder”, como si en vez de tratarse de un hecho infamante hubiera estado hablando de un trauma de infancia o un detalle sin importancia.

Afortunadamente, los archivos no olvidaron, y por más que la autora trata de tocar el tema y esquivarlo en este librito de más de 300 páginas, y por más que sugiere que los archivos de la Stasi debieron permanecer secretos y para uso institucional, el resto de los alemanes no ha olvidado tampoco.

Los escritores también pueden ser chivatones, es la conclusión a que llegamos al cabo de muchos días de farragosa lectura. Ya lo sabremos cuando se abran al público los archivos de Cuba.

2 comments:

  1. Lo más interesante es que todos esos ex (o sin ex) chivatones siempre están comiendo del plato de las universidades d aquí. Claro, si se los ponen en la boca. Lo de la "amnesia" es desopillante. Panda de descaraos.

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  2. Hace años me lei ese libro, pero cuando aquello no sabia que era la Stasis y la RDA parecia ser el refeljo del exito del campo socialista. Yo no era mas que un simple estudiante universitario, sin mucho informacion como podras imaginar. Sin embargo, puedo decirte que a pesar de todo, el libro me parecio irrealista y sobre todo forzado. Es propable que esta mujer no haya visitado en su vida Los Estados Unidos, pero eso es lo de menos. Y si, en Cuba cualquiera puede ser un informante y eso es lo que mantiene a la sociedad dividida. Ella era un hoocrita y la muerte no podra reevindicarla.

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