Monday, July 1, 2013

Batiburrillo intelectual mal cocinado

Vuelve a la carga Rafael Rojas –hijo de papá castrista y fingido filósofo- para tratar de convencernos con un articulejo de los que publica en el periódico español El País (http://elpais.com/elpais/2013/06/21/opinion/1371804218_799392.html) de que las ficciones del fallecido novelista Severo Sarduy parecieron suponer el fin implícito de la literatura cubana. Muerto de sida Sarduy (o como mariconamente dice Rojas, por “el monstruo de las cuatro letras”), no sería posible concebir un después. Ni siquiera más literatura.

120229Severo-Sarduy

Qué clase de imbécil. Como si cualquier escritor, por excelente o innovador que sea, pudiera augurar con su acabar el fin de todo otro camino hacia el decir, el narrar o asumir la realidad literariamente.

Pero es que Rojas no sólo quiere hacer una tardía exégesis de quien es aparentemente su escritor preferido. Con esta nueva catilinaria vuelve a la carga contra su enemigo ficticio preferido, eso que otras veces ha llamado “nacionalismo católico” y que esta vez tilda de “republicanismo martiano”.

Asombran los ingredientes a que recurre Rojas para cocinar este batiburrillo intelectual, en un intento de enfrentar al novelista muerto con otras dos glorias difuntas del mundo de nuestras ideas, afanoso por redefinir la llamada cubanidad.

¿Y qué carajo es cubanidad, alguien me lo puede decir?

Más allá de lo que ese término puede significar o esconder, lo cierto es que el intento de Rojas se queda, como era de esperar, corto de miras y seriedad. Tuerce. Retuerce. Inventa. Hace creer, pero a fin de cuentas no engaña.

No se puede trazar un signo de igualdad entre el ideario de una fecunda república y los fétidos pantanos ideológicos de los que bebe Rojas para oponer una lectura mal digerida de Sarduy al robusto cuerpo conceptual erigido por figuras intelectuales de la talla de Cintio Vitier y Fernando Ortiz, independientemente de cualquier senda política que tuvieran, y de lo poco que, en esencia, puedan haber dicho de la “cubanidad”.

El cronista del bajo vientre se pasó esta vez.

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