Sunday, July 28, 2013

La última carcajada

Tenía el don de la rima perfecta pero también una irrefrenable voluntad de mofa. Nada le inspiraba respeto; nadie compasión. Por la noche, a la hora del último pase de lista, se convirtió en una verdadera plaga.

El oficial de guardia cantaba dos apellidos, con las tarjetas de control penal en la mano, y el preso daba un paso al frente, dejaba ver su cara, y seguía su camino hacia el ámbito del sueño y las barracas. Pero con tantas chanzas, aquel simple recuento se volvió una tortura para los confinados. Ninguno sabía cuándo le iba a tocar.

–Galán García –gritaba el oficial.

“El dueño de la pinga mía”, decía el eco muy desde el fondo.

–Hernández Piedra –era el siguiente.

“Si te la meto me quiebras”, decía el muy jodedor, sin dar la cara.

–Sánchez Valderá.

“Te la clavo por detrás”, chillaba el bromista, allá a lo lejos.

–Silverio Salcines.

“Escupe, que ya me vine”.

Y así por el estilo, todas las noches, sin falta, como un burlón reloj.

Conquistaba risas y a veces hasta aplausos apagados de quienes no habían sido aludidos. El oficial se limitaba a sonreír. Era la última carcajada de la noche.

Quizás por eso no se compungió demasiado la mañana que le avisaron que aquel preso había amanecido sin pulso, desangrado como un puerco, con un angular de cama afilado clavado en el medio del pecho.

1 comment: